Durante el confinamiento, la tecnología permitió que muchos negocios continuasen funcionando con relativa normalidad. Ahora, el e-commerce sigue siendo el plan B de muchas empresas para asegurar los ingresos a corto y medio plazo.

Aunque hace años que se habla de la transformación digital de la economía, el confinamiento, las limitaciones de movilidad y el miedo al contagio a raíz de la crisis de la COVID-19 han marcado un antes y un después en este sentido: en apenas unos meses, la enseñanza online, el teletrabajo, el e-commerce (comercio electrónico) y la seguridad digital se han convertido en los pilares que definen el nuevo escenario para ciudadanos y empresas.

De todas estas tendencias, la más irreversible parece ser la del ecommerce, que ha dado un salto espectacular desde el estado de alarma. Según Carolina Castillo, directora de empresas y partners de Microsoft en España «el comercio electrónico se ha disparado y hemos visto un incremento de entre el 3 % y el 5 % en el volumen global».

En efecto, durante los más de dos meses de restricciones estrictas a causa de la epidemia, Internet se convirtió en el único escaparate de miles de comercios. Muchas personas —incluidas las más reticentes a los pagos online— tuvieron que lanzarse a comprar por vía electrónica y se calcula que, en este periodo, entre el 1 y el 4 % de los ciudadanos españoles se iniciaron en las compras digitales, mientras que casi el 25 % compró más por internet (amplía esta información aquí).

En un análisis de la escuela de negocios EAE, se pronosticaba que este 2020 las ventas online aumentarían un 12 %. Sin embargo, con la pandemia, todo indica que el ritmo será superior. Según Pablo Contreras, autor del informe El estado del comercio electrónico en el retail, «previsiblemente, España avanzará posiciones en el ranking de los países europeos con más penetración en el comercio online».

¿Qué sucederá en los próximos meses?

Según la mayoría de los expertos, mientras duren las medidas de distanciamiento social, lo más probable es que los negocios que únicamente generen ingresos mediante presencia física seguirán viéndose afectados por la crisis. En cambio, los especialistas apuntan a la estabilización al alza del comercio electrónico.

Es evidente que muchas personas volverán a la rutina de las compras a pie de calle. Pero, con toda probabilidad, las compras por Internet se asentarán como hábito de consumo —debido tanto a la comodidad que ofrecen como a la pérdida de miedo a los pagos online. Eso sí, siempre que la experiencia general que se ofrece al cliente y las estrategias de fidelización sean adecuadas.

Así las cosas, muchos negocios que miraban el comercio online desde la distancia han decidido dar el paso de manera definitiva creando una tienda online atractiva y trabajando el marketing online (tanto el posicionamiento web como los anuncios en Google o las redes sociales).

 

 

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